Kalimario
El nombre de mi ciudad
El nombre
de mi ciudad
Si tú me dices, Flérida, si nombras mi ciudad
perdida en ramos mudos, sabré alzar colinas
encima de una estrofa tronchada junto al mar;
sabré su nombre oculto, su nombre inalcanzable.
Si tú nombras la calle del sol en que vivimos,
me otorgo a tus hogueras, las piras cristalinas
entre ascuas de palabras, pavesas de tu boca;
veré un silencio en llamas que encienda rosas
blancas.
Si nombras nuestra casa, su sombra de claveles,
si abres los balcones al bosque en que nacimos,
del mar siempre seremos, de playas y
archipiélagos.
Si tú dices mi nombre pondré helecho en tu oído,
susurros de la lluvia en ramos venerables.
Atiende al suplicante que espera oír su nombre.
Etiquetas: Poemas
A la mar que es el vivir
A la mar que
es el vivir
Los ríos van a la mar que es el vivir
y traen consigo un rastro de hojarasca
con velos y nostalgias de los sauces
que tiemblan por caminos y riberas.
Las calles de ciudades que no duermen,
renacen en la mar que es su destino,
y alientan con la voz de los hogares
augurios de una luz que nunca muera.
Los ríos traen el silencio de los lagos,
de bocas donde saltan los veneros
con sombras que amortaja a la junquera.
Los niños por las calles van descalzos
en busca de las fuentes saltarinas,
campiñas con marinas y violines.
Yo voy por mi ciudad hasta la vida,
en busca de sirenas y amapolas
que vivan a la orilla de cada agua.
Etiquetas: Poemas
Despobladas auroras
Despobladas
auroras
Resplandor y silencios. Una calma de erizos
primitivos e indóciles en desnudo adorable,
un rescoldo de plomo sobre andamios de pétalos
y un galope de brisa sobre el alma del brote.
Nada más necesito que tu cierta mirada,
otras horas vendrán del primor de tu cuerpo
hasta el charco de estrellas en la noche del gozo
con trompetas y címbalos de azucenas hambrientas.
Al regazo dorado llegará el dulce rayo,
a esa sombra de mimbres y agrupadas sortijas
que precisas me llaman hasta albores y nieblas
desde gritos combados en un cielo salvaje.
Y tu voz de sirena, caracola celeste
de bruñidos acentos, pintará la ternura
de azulejos marinos con delfines y conchas,
despobladas auroras por mi playa en la espera.
Etiquetas: Poemas
Voces ácimas
a D. Solomón Seruya,
y a la comunidad sefardí de Gibraltar
Sueña el gris descifrar cábala
y canon,
la alquimia de la voz del
universo
prendida en candelabros de
promesas,
entre libros sagrados y un
destino.
Lamento y gozo en cantos de
masora
salvados con semillas y
candiles.
Son los huidos rubíes del
patrio acervo
en este oasis de luz y pie
nativos;
en la gris geometría,
sangre en diáspora,
la historia y la esperanza en
sus veneros
con luces de su estrella inextinguible.
Esta amalgama gris es su
morada,
su regazo y refugio
despejado.
Solamente sus hijos en
vigilia,
el ave que en sus ramas
hace el nido
y el romero que viste su
esqueleto,
verán la plenitud de sus
racimos
aunando uvas y agraces, luz
y sombra,
cuando alcance el idioma su
frescura,
madure la concordia en las
viñas
y ofrezcan manantiales al
desierto.
Doradas y grandiosas las
trompetas
suenan demoledoras de
murallas
con aromas de gálbano en
aljibes
que riegan la certeza de la
sed.
Pero si logras ver en sus
señales
la antigua herencia al son
de su macor,
verás las cicatrices del
estigma
por el celoso rito del su ley.
Han oído la voz ácima en versículos
ante el altar sagrado entre
dos mares,
y al cantor en cerrada geografía.
Han oído el cataclismo, sus
rigores;
la airada turbamulta de la cólera,
arquivolta vibrante en la
memoria
con voces en rescoldos y
pan dulce.
Han oído por las plazas de
la mar
a músicos que tocan ante
fuentes
al caer la tarde lúbrica y
descalza
en incendios con mechas de
holocausto;
y el corazón a toda hora
vigía
con tiara terrenal y vasos
puros.
Han oído y aprendido, han
afinado
las luces del destierro y
sus cristales
con diapasones vivos en la
aurora,
en oriente iniciados y
entre enjambres
con las ceras y mieles de
armonía
bajo el sol de este gris en
menoráh.
Han visto al sol bailar su
danza orfebre
hasta dorar la copa del
chaparro,
cuando un poniente de
agrios naranjales
revive las hogueras ya
extinguidas.
Han visto sus sortijas y
sus broches,
sus ajuares, sus libros y
palomas
esparcidos con armas y
banderas;
la mirada en pavesas, roto
el salmo.
Han visto al Justo sol
abrir sus ojos
para honrar a los hijos de
la arena,
expósitos inermes en la
orilla,
hermanos del repudio, y en
su mapa.
Aquí, en el gran confín de
Sefarad.
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Mar del deshielo
Mar del deshielo
Viene el mar con naufragios de baladas.
Trae un relincho de quillas y tridentes,
y la fiebre del mundo en su galope
con veneras y aguajes del bajío.
Trae gargantas y voces de atolones,
con la furia rugiente de la espuma,
trae los pies y las manos de galernas
con idiomas en sartas de corales.
Viene el mar con sus olas y sus cascos
a la orilla que el bosque le permite,
a inundar con escamas la ciudad.
Viene el mar a las fuentes de agua dulce.
Viene el mar, tras besar la boca al hielo,
a besar en la boca a sus ciudades.
Etiquetas: Poemas
Invocación
Invocación
Invocar un refugio en
la ciudad
es buscar en mitad
del laberinto
el latido sereno y
sus señales;
es soñar con perdidos
bosques claros.
Es flotar entre tu
íntimo ritual
y sentir como el mar
lame tus luces;
reencontrarse en la
esquina con la rosa
bajo un cielo arañado
por espinas.
Es brindar con tu
vida al infinito
sin portales ni
abismos de escaleras;
resistir ante euforias
de ascensores.
Entre torres volar con
los delfines,
caminar sobre el mar,
nadar por calles
entre pájaros, peces
y viviendas.
Invocar un albergue
por los parques,
en mitad de la plaza
o en la playa,
es vivir con claveles
ciudadanos.
Etiquetas: El fragante esplendor, Poemas
Una brizna de hierba
Más allá del verdor, del color sosegado,
más allá de las copas en la urbana intemperie
y del verso que implora de los bosques el símil,
los insectos acechan con segures de hielo.
Cualquier árbol, sin pies, por el mundo camina
siempre atento al silencio de criaturas cantoras
que en las selvas habitan; no se calla ante el
fárrago
de mecánicas prisas, ni se pierde en su orden.
Que tus pies busquen alas y tus manos las raíces
de los fustes del sueño. Que en lo yermo
encontremos
el fulgor de la vida con palabras frutales.
Que mis pies no se hundan en asfaltos baldíos,
quiero ser una brizna de la hierba constante;
en el aire, una gota que la lluvia me preste.
Etiquetas: El fragante esplendor, Poemas
Silencio de los héroes
Silencio de los héroes
Si se encuentran los héroes no se hablan,
expresan con miradas soledades
de un tiempo pasado que exigió
renuncia, sacrificio o cautiverio.
Se dicen en silencio, entre otras voces,
los hechos dolorosos que han vivido;
reflejan en sus canas viejas huellas
fijadas en sus caras: la amargura.
Les duele aquel dolor que les movió
atentos al mandato de su moldes,
y saben que su lucha nunca acaba.
Aún contrastan las armas insumisas
que queman en sus lenguas soñadoras:
sus palabras en tiempos de violencia.
Sostienen en un cómplice silencio
que el mundo se recrea en su laberinto,
e insisten en su sueño interminable.
Etiquetas: Poemas
El fragante esplendor
¡Alabad el árbol que desde la carroña
**********sube
jubiloso hacia el cielo!
*********************Bertold Brecht.
Quien con árboles habla, natural soliloquio
ante el tótem viviente, de sus formas escucha
la canción solidaria, la inquietud compartida,
el proyecto de bosques en ciudades soñadas.
Conversar con un árbol en encuentro precioso,
dialogar en susurros y encontrar la palabras
en las hojas escritas, es vital testimonio
con la tinta y la letra de universo admirable.
La esperanza de oírle hace hablar al que escucha
su arboleda interior; se sustenta en guirnaldas
de esa luz generosa que se iguala en los sueños
con un ritmo de pájaros por los mimbres del júbilo.
Se vislumbran los zumos, generosos y alegres,
circular por las venas en caprichos trenzadas;
sólo un caos de testuces en la calma se empina,
un rigor de serruchos y alboroto de hocicos.
La belleza no mira; pero exhibe en sus formas
el supremo esplendor de la mínima gota,
el fulgor manifiesto de la brizna que vuela,
el inquieto valor de lo humano en su jungla.
En su armónica hechura se resume la estética,
del origen legado, de torcaces y azores,
de la extraña vigilia de los búhos en la noche
entre seres que esperan en mitad del tumulto.
Etiquetas: El fragante esplendor, Poemas
Calafate de rosas
Calafate
de rosas
Desde un eco
de Dolors Alberola
He
visto tantas olas que ya no sé sus nombres
y
los esbeltos faros son mis ojos
que
en la noche ven crótalos, tan limpios
como
un día de poniente y rosa en calma
con
vuelos de gaviotas por flecos de las luces.
Claveles
y olas verdes tras niños que se elevan
con
cantoras cometas y barquillas de corcho.
Sigo
buscando un bosque de agua dulce,
el
manantial de sal y caracolas
que
ilumina la tarde, ya perdida
por
azules del cielo y en los labios del mar:
la
rosa terrenal que nada entre las islas.
Me
acercas a mis playas, mareas vivas renuevo,
reflejas
en mis ojos la luz recién nacida.
Aún
existe un tiempo varado en la azotea,
perdido
en bulevares y orillas lubricanes,
malecones
de ratas y de astucias,
marinas
enfermizas con humos y alquitranes.
La
luz del mar existe, persiste entre los niños
descalzos
como peces, y en labios de la sal
entre
espumas y redes, desnudos los claveles
del
pecho en arreboles; vidente calafate
que
nombras a las olas y a mí me traes sus nombres.
Etiquetas: Poemas
A José Mauthausen
A José
Mauthausen
Mi cuerpo es una inmensa noche helada,
apátrida en equinas de mis venas;
aún chorrea el terror sobre mis días
y siento otras torturas en mis huesos.
Heridos en el fondo de la escarcha,
mis ojos son espejos que no olvidan
la bóveda en cenizas de amapolas,
la vida salpicada por las piedras.
Conmigo compañero en el infierno,
mi padre a mi costado habla y tirita,
quebrada su voz última en la nieve.
Junto a él labré escalones en mi carne
tatuada de exterminio; y no salimos:
ya no éramos nosotros los que entramos.
Fue el llanto nuestra patria,
sus águilas bebieron nuestras lágrimas.
Etiquetas: Poemas
Atunara
La alborada desvela su misterio en la orilla,
la ecuación de las barcas con claveles descalzos,
de alhelíes que acechan las mudables mareas
tras hogueras de espera con café y aguardiente.
Se inspiran los barruntos, hostiles o propicios,
en halos de la luna sonámbula en la aurora;
florida en la almadraba la vida se desnuda
tan cerca del milagro de andar sobre la mar.
Claveles por la playa despiertan al albor
de coros ante el árbol cuajado de naranjas
que pinta el horizonte, y esperan con su luz
la plata en colibríes de azules aleteos.
Descalzos bajo el sol, avivan limpios himnos
de arterias que proclaman la sal de su existencia:
legítima heredad de cala y caladero,
la eterna ley del mar en flujo universal.
Las bocas de la sal repiten su abundancia;
las ascuas del espeto despiertan con los brazos
y enseñan al mar ritmos de enjambres animosos
en íntegra mesura y estoica dignidad.
Un cante, entre las voces de duras singladuras,
varado en la neblina con soplos de levante,
navega tras la rosa libérrima del viento
en íntima obediencia de verdes serpentinos.
La bravura se nutre con la flor litoral
y un destino mordido por dientes de rudeza
bajo una astrología de peces y corrucos
trabada a los esmeros de redes y palangres.
Y afina el aire cuerdas en virtud del valor
en la orilla fundado; y la hermosa ecuación
del coraje esencial, de alhelíes y claveles
en la brega del copo con la sangre en el cenit.
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